A menudo entramos en la sala de yoga, instalamos nuestra esterilla y, casi por inercia, cogemos el mismo bloque, la misma manta y el mismo cinturón de siempre. Lo hacemos en piloto automático, como si esos soportes fueran una extensión inamovible de nuestro cuerpo.
Hoy, en clase con Silvia Ros (de Iogabcn ), una frase suya me sacudió la inercia:
No podemos comprometernos con los props como si fueran nuestra pareja. Debemos cambiarlos según el estado de nuestro cuerpo o el objetivo de nuestra práctica hoy.
Esta idea es revolucionaria en su sencillez. Silvia, que ha bebido directamente de la fuente de la familia Iyengar, nos recuerda que el yoga es un organismo vivo, no una coreografía estática.
La trampa del "piloto automático"
¿Por qué usamos siempre lo mismo? A veces es comodidad, otras es ego ("yo ya no necesito el bloque"), y otras es simple falta de presencia. Pero el cuerpo que traes hoy a la esterilla no es el de ayer:
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Tal vez hoy necesitas esa manta extra porque una articulación protesta.
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Tal vez estás agotada y decides que tu práctica será restaurativa, dejando que el soporte te ayude.
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Tal vez quieres explorar una acción nueva y el cinturón es la llave que abre esa puerta.
Navasana: De la lucha al equilibrio

Hoy trabajamos Paripurna Navasana (la postura del barco). Normalmente, es una postura que puede volverse una batalla de fuerza abdominal y tensión en las piernas. Sin embargo, al usar un cinturón, la ecuación cambió: encontramos el punto de equilibrio sin la agonía del esfuerzo mal dirigido.
Luego, con la silla y la pared, el enfoque pasó de "sostenerse" a "extenderse". Pudimos alargar la espalda y relajar las ingles frontales, sintiendo cómo el espacio se creaba.
Más allá de la "postura de revista"
Lo que más agradezco del Yoga Iyengar es precisamente esta inteligencia corporal. Nos quita de encima la presión de la flexibilidad de Instagram y nos devuelve a lo esencial:
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Consciencia: ¿Dónde estoy ahora?
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Acción correcta: ¿Qué músculo debe despertar y cuál debe soltar?
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Creación de espacio: ¿Puedo respirar dentro de la postura?
Al final, el yoga no trata de alcanzar el pie con la mano, sino de alcanzar la unión entre mente, cuerpo y espíritu. Y para eso, a veces, hay que romper el "matrimonio" con nuestro prop favorito y elegir el soporte que nuestro cuerpo realmente necesita hoy.
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