Las celebraciones del Día Internacional de la Mujer pueden haber terminado ayer, pero el verdadero trabajo —esa labor profunda e interna de recuperación— continúa hoy. Me encuentro reflexionando profundamente sobre mi lectura actual: Sanar la herida materna (Discovering the Inner Mother) de Bethany Webster. Es una exploración profunda de la "herida materna" y, entre sus páginas, me topé con una cita de Andrea Dworkin que me impactó con una fuerza increíble:
"La mujer no nace: se hace. En ese proceso se destruye su humanidad. Se convierte en un símbolo de esto o aquello... pero jamás se convierte en ella misma, porque se lo han prohibido."
Ayer, el mundo celebró a las mujeres como símbolos: de fortaleza, de cuidado, de progreso. Pero las palabras de Dworkin nos recuerdan el coste de esos símbolos. A menudo, en el proceso de "convertirnos" en lo que la sociedad, nuestras familias o nuestras culturas esperan, perdemos el contacto con nuestra propia humanidad. Nos convertimos en "esto o aquello", pero luchamos por, simplemente, ser nosotras mismas.
El viaje de reclamar nuestra esencia
Personalmente, me encuentro en una etapa de reclamación. Estoy recorriendo el camino de cuestionar las creencias limitantes que una vez acepté como verdades y reconectando con lo que realmente significa ser yo: recuperando mis pasiones, mi placer, mi sensualidad y mi voz.
Hoy no se trata solo de celebrar lo lejos que hemos llegado; se trata de desaprender los roles que nos dijeron que debíamos interpretar para que, por fin, podamos habitar el espacio de quienes somos en realidad.
Coaching: Volver a casa, volver a ti
En mi trabajo como coach de vida para mujeres en transición, veo ese "yo prohibido" intentando emerger cada día. Las transiciones —ya sea en la carrera profesional, en las relaciones o en la identidad— son a menudo la forma que tiene el alma de decir: "Estoy lista para ser algo más que un símbolo".
El coaching, en este contexto, es un puente hacia la libertad. Nos permite:
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Desmantelar mandatos: Distinguir entre el "yo quiero" y el "se espera que yo...".
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Reescribir la narrativa: Darnos cuenta de que nuestra valía es inherente, no depende de cuánto servimos a los demás.
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Reconectar con la intuición: Confiar en la brújula que vive dentro de nuestro propio cuerpo.
Un acto de rebeldía: Ser tú misma
En un mundo que todavía intenta definirnos a través de una mirada patriarcal, elegir ser tú misma es el acto de rebeldía definitivo. El viaje más importante que emprenderemos jamás no es hacia afuera para buscar respuestas, sino hacia adentro, para volver a nuestra propia piel.
Mi invitación para ti es esta: Date permiso para ser algo más que un símbolo. Sé imperfecta. Sé compleja. Sé tuya.
A medida que los ecos del Día de la Mujer se desvanecen, quiero preguntarte: ¿Te has sentido alguna vez como un "símbolo" de algo mientras perdías tu propia voz en el proceso? Me encantaría leer tus reflexiones en los comentarios.
🌿 ¿Lista para iniciar tu propio camino de vuelta a ti?
Si estás atravesando una transición y te sientes lista para pelar las capas de los "debería" y encontrar tu verdadera voz, estoy aquí para acompañarte. Como Life Coach especializada en el empoderamiento femenino, te ofrezco el espacio que necesitas para reclamar tu autenticidad.
Da tu primer paso hoy mismo:
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