Hace poco escuché un podcast en el que invitaban al psicólogo Efrén Martínez, a quien disfruto mucho escuchar, y me quedé dándole vueltas a una idea que llevo tiempo viendo en mis sesiones de coaching: un buen acompañamiento es mucho más que ponerse metas.
Fijar objetivos es útil, claro. Pero si lo que quieres es cambiar de verdad, construir metas que tengan sentido y, sobre todo, mantenerlas cuando la motivación inicial se apaga, antes hace falta mirar hacia dentro. Hace falta hablar de propósito.
Sí, lo sé: "propósito" suena a eslogan
Mucha gente se ha vuelto casi alérgica a esta palabra, y lo entiendo. Se ha usado y abusado tanto en marketing que a veces suena vacía.
Cuando yo hablo de propósito, no me refiero a una misión grandiosa ni a una frase para ponerla en una taza. Me refiero a algo mucho más sencillo y mucho más personal: mirar qué te define en el fondo.
- Tus motivaciones auténticas, las que no dependen de lo que se espera de ti.
- Tus valores, eso que no estás dispuesta a negociar.
- Aquello que sientes que se te da bien y que te hace sentir tú.
Metas y propósito no son lo mismo
Una meta es algo concreto que quieres lograr: cambiar de trabajo, ordenar tus finanzas, volver a hacer deporte, lanzar un proyecto.
El propósito es el terreno desde el que eliges esas metas.
Y aquí está la clave: no todas las metas nacen de ese lugar. A veces nos marcamos objetivos por inercia, por presión externa o por lo que "toca". Y, siendo honestas, a veces también necesitamos fijarnos algunos de esos objetivos, porque la vida real incluye obligaciones y etapas que no siempre elegimos con entusiasmo.
El problema aparece cuando todas nuestras metas vienen de ahí. Entonces avanzamos, pero sin ilusión, y es muy fácil abandonar a mitad de camino.
Cuando las metas nacen del propósito, todo cambia
Cuando te detienes a profundizar y fijas tus metas desde lo que de verdad eres, la experiencia cambia. Todo se vuelve más colorido, más vivo, más emocionante. Las metas dejan de ser una lista de tareas y se convierten en un camino que quieres recorrer.
Eso no significa que la vida vaya a ser perfecta, con arcoíris y corazones rosas. Habrá imperfecciones, obstáculos y días torcidos. La diferencia es que, cuando estás alineada con quien eres, esos obstáculos pesan menos y se atraviesan con más facilidad.
Y el efecto se extiende más allá de lo que imaginas. Cuando vives alineada, suelen mejorar muchas otras cosas a la vez:
- Tu salud, porque te cuidas desde un lugar más coherente.
- Tus decisiones, porque eliges desde tu centro y no desde el miedo o la costumbre.
- Tus relaciones, porque te muestras de forma más auténtica.
Una pregunta para empezar
Antes de escribir tu próxima lista de objetivos, prueba a hacerte esta pregunta:
¿Esta meta nace de lo que yo quiero y valoro, o de lo que creo que debería querer?
No hace falta tener la respuesta perfecta. A veces basta con empezar a preguntarse.
¿Te gustaría explorarlo conmigo?
En mis procesos de coaching para mujeres en transición, empezamos justo por aquí: por reconectar con tus valores, tus motivaciones y tu verdad, para después construir metas que de verdad te sostengan.
Si estás lista para dar un paso hacia una realidad más amable y más auténtica, escríbeme y empezamos juntas. Puedes conocer más sobre el coaching de vida para mujeres en transición o reservar tu primera sesión directamente.
